sábado, 21 de julio de 2012

En México sólo hace falta trabajo o el porqué marchar es necesario más que molesto





Maestros en su lucha magisterial y simpatizantes del movimiento Yosoy132 son bombardeados constantemente por argumentos como “pónganse mejor a trabajar” entre otros muchos. A nadie, que trabaja, le gusta ser afectado por una marcha. Violenta el derecho al libre tránsito, genera estrés innecesario y tiene repercusiones en nuestra vida cotidiana; en un país civilizado las marchas no bloquearían completamente las vialidades, en un país justo no hay marchas.

Quien se ve forzado a marchar lo hace como última oportunidad para muchas cosas. Cuando los tres niveles de gobierno no escuchan a su pueblo a este no le queda de otra más que manifestarse públicamente con acciones que generen la atención tanto del pueblo como del gobernado, eso sólo es posible con dolores de cabeza y obstruir vialidades es la que se ha aceptado como “permitida” pues básicamente afecta más a la gente que al gobernado.

Sin embargo la marcha no es un día de campo. Su duración implica un desgaste físico importante, ni el sol a plomo ni la lluvia cerrada impiden su realización. Así de desesperante es la situación de quien marcha. En su más degradante práctica (la política obvio) los marchistas aspiran a ser acarreados desde su lugar de origen, marchar las horas para luego recibir el lunch que mata el hambre de ese día.

Razones sobran, pero la prioritaria es que en México no hay trabajo, así de sencillo. Desde el arribo del PAN el trabajo informal (que no tiene prestaciones laborales por decirlo bonito) se disparó con éxito gracias a la política de changarro impulsado por el aún presidente más ignorante de la historia moderna. Los vagoneros, franeleros, taxistas piratas, choferes de micro sin licencia, vendedores invasores de vía pública en todos sus sabores y formas son ejemplos claros. No sólo no hay trabajo, sino el que hay es mal pagado, y eso que no pasó la reforma laboral este año. Un egresado universitario con sueldo de 7 mil pesos es garbanzo de a libra. Muchos de estos “males” citadinos trabajan todos los días desde temprana hora y en jornadas largas, al igual que cualquiera. El mexicano no le tiene miedo al trabajo, pareciera que su gobierno vive aterrorizado en generarlo, menos prestaciones, sueldos cada vez más bajos, mano de obra cada vez más barata para competir en la globalidad es la receta desde hace dos décadas, sólo Calderón concibe la realidad diferente, y sólo Carstens y compañía la justifican, para eso le pagan ciertamente.

Nunca un problema tiene un origen simplón. Las marchas son el recurso más desesperado para hacer que el gobierno escuche, se replantee y cambie. Si no lo crees sigamos con atención a España, los mineros fueron los primeros en radicalizarse y ahora hay una petición formal de juicio político contra Mariano Rajoy. Al tiempo.

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