Las empresas viven de la venta de sus servicios o productos. Si la gente
tiene dinero gasta en los servicios y productos que considera mejor en calidad
y presupuesto. Dichas personas no sólo cubren sus necesidades básicas con
dichos servicios y productos, sino los hobbies y pasiones individuales
necesitan de sus insumos además de tiempo para realizarlos. Somos más de 100
millones de mexicanos, si, por ejemplo, tuviéramos un aumento en nuestro ingreso
del 30% la totalidad de dicho superávit llegaría sin duda a las empresas en
cuestión, y sí la jornada laboral fuera realmente de 8 horas lo haría mucho más
rápido. Si los habitantes pueden ahorrar el 10% de su ingreso estarán en posibilidad
de usarlo en actividades que impulsarán determinantemente la economía local
(por ende la nacional), pues el monto de dinero que gastarán será considerable.
Al igual que a la hora de gastar, tendrán que invertir o comprar en lo
más cercano a sus necesidades en equilibrio de calidad y precio. Si el mexicano
tiene trabajo produce, eso da una base de dignidad, de pertenencia a la
sociedad, a su barrio, a su familia. No es tan difícil, el dinero lo mueve el
pueblo, la prole pues para que entendamos todos, no la Bolsa Mexicana de
Valores con sus tranza-acciones que evaden cantidades monumentales de riqueza
en impuestos; no los Bancos que usan el dinero que los incautos ahí guardan
para todo y en todo menos México; no las cifras gélidas macroeconómicas de las instituciones
gubernametales donde no hay alma de personas, si acaso ecos de sangre y
desesperanza que se diluyen en aburridos y delirantes explicaciones fatuas
sobre un México inexistente. La economía es el pueblo, así de fácil.

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