Regresando de la boda de un hermano de vida me asombra lo
irreal que es lo cotidiano. Reunirnos a celebrar un compromiso que cada vez
menos quieren tener es buen asunto, las implicaciones me dejan la boca seca. Un
grupo de seis colegas músicos se irá a casa con la buena vibra de esta fiesta y
la tranquilidad en dosis de una semana. La nutrida fiesta no sólo alegró a los
hoy esposos, sino a los meseros que dormirán a pierna tendida rendidos por la
desgastante jornada y la misma dosis de tranquilidad en su sonrisa. Hoy la loza
no será tan pesada de lavar pues el monje (propina de los meseros) tendrá buen
peso para la gente de cocina, quizá la labor más desgastante de todas. Hoy todo
fue perfecto: unos novios comiéndose a besos en su día, el cocodrilo falaz que
firmó paz (sólo temporal) al darme un saludo educado, la gente feliz y ningún borrachazo
(aún) que lamentar. Sin embargo la cereza hoy tuvo un momento único. El trabajo
menos decoroso (porque todos son dignos) es el del baño, ahí ocurren los peores
momentos, desde el borracho que nadie soporta y en ese empleado encuentra al
amigo, hasta el punto final de todo exceso… TODO EXCESO. Ahí trabaja el menos
afortunado de la plantilla… aparentemente; el salario mínimo y las magras
propinas que logra serán su ganancia por 8 horas desesperadamente largas, para
abatir tal suplicio, este trabajador que los ignorantes llaman prole, naco,
payo, indio, najayote y similares estaba sentado con el pico clavado en, ni más
ni menos, que “El Príncipe” de Maquiavelo. El primer trabajo que pude conseguir en Xalapa tras dos meses desempleado y desesperado debido a mi horario y cabello largo fue precisamente en el baño de un bar horrendo. La lección que me dio la vida es que al final del día sacaba yo más dinero que el capitán de meseros y pude estudiar la universidad. En esa boda está tácita la añoranza de un México justo. Alguno de esos personajes paga un recibo de luz excesivo, vive ahogado por tarjetas de crédito con intereses infames o simplemente forma parte de los rechazados para estudiar la universidad. La posibilidad de una realidad justa se impulsa con dichas verdades.
En esa fiesta había tres personas valientes, dos de ellos inician una aventura en pareja, la otra persona estoy seguro será un ciudadano de talento, para bien o mal no sé, pero no uno mediocre.

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