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| Carmen Aristegui, Lydia Cacho y Sanjuana Martínez en conferencia. foto A. Camacho. |
Cuando publicas tu pensar sabes que habrás de encontrar
diferencias en algún momento, son éstas las que nos permiten crecer ya sea
defendiendo una opinión o reflexionando un argumento. Estaba en lo segundo por
una diferencia con el periodista Aurelio Contreras acerca de la censura donde
se me criticó por reduccionista. Tras releer mi facebookazo encontré verdad en
cierto sentido y me dí a la tarea de reflexionar el porqué de mi animadversión con
Pedro Ferriz de Con.
No hay mucho que decir con este personaje vendido de la peor
forma al panismo recalcitrante pero sí por el tema de la censura. Aurelio vive
en Veracruz y le ha tocado vivir como poblador y profesionista todas las
implicaciones cuando se trastoca la libre expresión. Simplemente la sociedad
pierde uno de sus pilares y el miedo se torna en medio de control, la vida ya
no es la misma, menos en Xalapa que era un paraíso en todo sentido.
Tras reflexionar acepto que la censura es inadmisible en
todo sentido, cuando las personas que con su trabajo y entendimiento de su
entorno se vuelven voces válidas son silenciadas todos perdemos libertad. Son
los periodistas quienes acercan la realidad a los habitantes, protegerlos es
cuidarnos. A las personas que escriben ideas y sentires de muchas bocas debemos
protegerlos porque nos ayudan a digerir los sucesos y a entender sus
implicaciones. Tan sólo nombres como Lydia Cacho, Sanjuana Martínez, Jenaro Villamil
(ciertamente populares por el tamaño de sus investigaciones) son personas a
cuidar pues gracias a ellos se han destapado coladeras de corrupción y vicio
que han ayudado a tener un país mejor informado, por ende mejor capacitado para
reaccionar, al menos, es esos turbios temas. Además de los populares, están
también los reporteros locales, los más vulnerables pues carecen de toda
protección y desgraciadamente han sido el blanco más vulnerado por la
delincuencia e interés de poder.
Debemos protegerlos, defender su profesión y causa pues ello significa protegernos todos, es obligación hacerlo a toda costa, entendiéndose
también que en los avances en la materia beneficien a los Carlos Loret, Yuriria
Sierra e indefectiblemente a Ferriz de Con. La analogía perfecta reside en el
SNTE y la coordinadora del quasimismo acrónimo. Los logros laborales conseguidos a fuego y
sangre del CNTE con sus odiadas marchas y métodos son disfrutadas también por
los del SNTE, sindicato obediente donde todo revoltoso ha sido silenciado.
Nada que ver estos opinólogos santannistas que venden su
país por reconocimiento y un diminuto coto de poder comunicacional con
periodistas del Estado como Zabludovsky u Ortega, entre otras cosas porque
perro no come perro, o ¿alguien recuerda a Jacobo atacando tan vilmente a
colegas como lo hizo Alatorre con Reforma? Alguna vez Guillermo Ortega, Lolita
de la Vega o Guillermo Ochoa perdieron el control como descaradamente lo ha
hecho Adela Micha o Jorge Garralda?
Tras reflexionar me queda claro que la censura es
inadmisible, pero tiene sus niveles, sus formas y sus momentos. No hay punto de
comparación entre quien pone los tamaños en el sartén para que en este país la
injustica no se desboque, y quien pierde la chamba por desbocarse en salamerías
mal calculadas. Sin debate no hay información, sin información no existe el
bien común, tampoco la justicia y menos una política de Estado. Sin libertad
de expresión no hay país.

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